8 de enero de 2016

El compromiso debe ser a largo plazo

Todos conocemos el cliché: los gimnasios llenos hasta el tope en enero, desolados en marzo. Las listas de proyectos para en Año Nuevo donde figuran: perder los kilos ganados en diciembre, decirle adiós a la flaccidez y a la celulitis y tener más cuadritos que tablero de ajedrez. Excelentes proyectos, el problema recae en la planeación y el apego.


La salud es algo que debemos preservar de por vida. Lastimosamente, nos han inculcado que las dietas y la actividad física son cosas temporales, que se hacen unos cuantos días y cuando llegas a tu meta, si te vi, no me acuerdo. Y esto en el mejor caso de alcanzar el propósito; la mayoría deja todo botado “a medio palo” por aburrimiento o frustración al darse cuenta de que perder 8 kilos de grasa en un mes sólo pasa en los anuncios de Ventas por Televisión.


Nuestra salud es un agregado de todas nuestras acciones. Ese vaso de rompope con queque navideño, la piña de tamales con café, las tardes y noches en el sillón viendo los toros, el gimnasio cerrado, la platilla extra par ir en taxi en vez de caminar, todo suma. De la misma forma,  cuando hacemos cosas buenas por nuestra salud se van acumulando, pero a un ritmo menor que las malas acciones. Podemos decir que lo malo nos engorda a un ritmo logarítmico, mientras las buenas crecen de forma lineal. Esta triste analogía es para ilustrar la necesidad de comprometernos a largo plazo con el cuidado de nuestra salud.


En estos tiempos de nanotecnología y WhatsApp, queremos todo en este instante. Ya nadie 

recuerda el cuento de la Liebre y la Tortuga. Nos bombardean con dietas y productos milagro que prometen resultados aquí y ahora a cambio de poco esfuerzo y mucho dinero. Si esos productos funcionaran, no viviéramos con la ola de obesidad que nos azota actualmente. Así de simple.

Lo que realmente funciona es lo menos publicitado, lo que require esfuerzos y sacrificios. Si queremos estar sanos de por vida, debemos comprometernos a largo plazo con la salud. 


Adquirir hábitos saludables y practicarlos por lo menos 300 días al año (aproximadamente un 80% del tiempo y el 20% que queda, para fiestas, caprichitos y huelgas). Debemos empoderarnos a través de la información y tomar un papel activo en pro de nuestra salud.


Los mismos medios que nos venden patrañas nos facilitan el acceso a información sana. Hay profesionales serios dispuestos a ayudarnos a conquistar nuestas metas. El primer paso es hacer conciencia y aceptar el compromiso con nuestra salud. Hagamos de este 2016 el año del cambio.

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